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Instinto de espiar

6 enero 2006

El conocimiento es poder, así que todo poder quiere siempre más conocimiento, por las buenas o por las malas. Todo gobierno tiene así por definición un irreprimible instinto de espiar, a sus enemigos, a sus vecinos y a sus ciudadanos, instinto que en una democracia las leyes han de reprimir una y otra vez, pues siempre resurge. A veces incluso en contra de la ley, como en el reciente escándalo de análisis masivos de tráfico en los EEUU, donde el Presidente Bush autorizó saltarse un tribunal especial diseñado precisamente para evitar este tipo de escuchas.

Pero es en los detalles absurdos y estúpidos en donde este instinto de espionaje se manifiesta con más claridad. Por ejemplo, en el hecho recién descubierto de que numerosas páginas web del gobierno estadounidense practican agresivas formas de seguimiento de lectores. De modo probablemente descoordinado, diversos departamentos gubernamentales estadounidenses han instalado ‘cookies’ o ‘web bugs’ a sus visitantes, sin aviso, sin control de su efecto sobre la privacidad, en algunos casos violando sus propias promesas. No lo pueden evitar; un gobierno que puede, acaba espiando, porque saber es poder (y si no, que se lo pregunten a Fouché).

Por todo ello el desarrollo de tecnologías capaces de literalmente meterse dentro de nuestras cabezas da escalofríos. Porque si lo tienen, lo acabarán usando con una u otra justificación (por nuestro propio bien). O quizá sin ella.

Leído en Retiario

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