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Prueba superada

17 octubre 2005

El siguiente texto lo acabo de leer en el blog de Enrique Dans:

¿No os ha pasado nunca que alguien os diga eso de “a ver si me encuentras algo de esto en Internet, tú que sabes mucho de esas cosas”, y que tengáis que localizar lo ilocalizable para, digamos, “demostrar” a la persona que todo está en Internet? Pero claro, ¿qué hacer ante una formulación como ésta?:

“El otro día, como la semana pasada o así, escuché en la COPE algo sobre una persona, era la mujer de alguien importante, y tenía una tienda en la que daban cursos de labores, o algo así… recuerdo que estaba en Padre Damián… ¿me podrías conseguir los datos?”

Hala, ahí queda eso. Manos a la obra. La primera búsqueda, la más obvia, “labores Padre Damián cursos“, te deja como estabas, aunque eso sí, logras enterarte de que el Padre Damián fue un religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones, nacido en Bélgica… pero no, no debe ir por ahí la cosa. La persona ya te mira con cara de desconfianza. Pruebas entrecomillando “Padre Damián” y añadiendo Madrid… pero ni a tiros. La mirada de desconfianza se acentúa. Decides deguir la pista radiofónica: te vas a la COPE, y preguntas a tu interlocutora que en qué programa:

“Sí, en el de Cristina, por la tarde…”

El día… alguno de la semana pasada o de la anterior. Tras localizar “La tarde con Cristina“, te miras los contenidos del viernes de la semana pasada, pero no ves nada sospechoso. Vas recorriendo días, hasta llegar al jueves de la semana anterior, el 6. Ahí, de repente, cuando empezabas a perder la esperanza, algo encaja:”Hoy entrevistamos a Mª de los Ángeles Sandoval, esposa de Florentino Pérez”. Efectivamente, es mujer, esposa de alguien importante… Sigamos. Te bajas doce megas con veintisiete minutos de entrevista, y te pones a escucharla. Al principio, normal. Al cabo de un rato, a velocidad doble. Llegas a velocidad quíntuple, y te sorprendes de tu increíble capacidad para procesar información a toda pastilla… en un punto determinado, va esta mujer ¡¡y habla de su tienda!! Impresionante… ¡¡¡dios existe!!! Y ahora, claro, dará teléfono y dirección. Pues no. Te enteras de que empezó con encaje de bolillos, que después diversificó a petit point, costura, nido de abeja y bordados, pero nada de dirección o teléfono. Claro, eso sería de muy poca clase. En fin, al menos ya tienes el nombre, “Mª de los Ángeles Sandoval”. Te vuelves al Google, lo metes, pero nada. Lo reduces a “Angeles Sandoval tienda” y… ¡magia! De cuarto resultado, una noticia del Congreso Intermercería en la revista “Mercería Actualidad” (que bárbaro, lo que estoy aprendiendo). Con eso te enteras de que la tienda en cuestión se llama Don Bolillo. Aaaahh… esto ya tiene buen color, hay luz al final del túnel: te vas al QDQ, metes Don Bolillo en Madrid, y aparece, ahí, todo mono, en el centro de la pantalla, con su dirección y su teléfono… en dos palabras: IM, PRESIONANTE. ¿Prueba superada? No, todavía no, que va… Porque lo siguiente es ¿y como llego ahí?

En ese momento, ya estás completamente envalentonado por el éxito de la operación. Sabes que no hay límites, y decides adornarte: se lo va a llevar todo, todo, todo. Copias, pegas, y te haces una página con el nombre de la tienda, el de la dueña, el teléfono y la foto de la fachada en el callejero, donde hasta se ve el toldo en el que pone Don Bolillo. Y no contento con ello, te vas al Metro de Madrid, y te sacas una ruta desde el intercambiador de Moncloa hasta Cuzco, que has visto que es la estación más cercana a Padre Damián. Lo imprimes todo, y miras a la persona con cara de “Pchesss… lo normaaal… como éstas me las desayuno yo todas las mañanas”.

A esas alturas, la persona, que lo ha presenciado todo, ya cree que eres un híbrido entre el Mago Merlín, el Gran Nigromante y Harry Houdini, te mira con ojos vidriosos y está ya en un tris de jurarte amor eterno. Coge su hoja, y se va, despacio, con una mirada entre impresionada y soñadora. Tú sonríes con un look a lo Carlos Gardel cuando encendía un cigarrillo después de… después de un tango. Lo has conseguido. Efectivamente, todo está en Internet. Ni Cerf, ni Berners-Lee, ni Metcalfe, ni tan siquiera Gore. El rey de la red eres tú, y lo sabes. Hasta puedes notar la corona y el aura brillando sobre tu cabeza. El honor de la red de redes se ha salvado.

Prueba superada.

¿Por qué será que me he sentido identificado? Sólo añadir que la gente que no es consciente de todo este proceso de investigación, tiende a creer que encontrar algo es tan sencillo como poner en Google lo que quiere…

Y claro, como lo más probable es que no aparezca lo que desea en primera posición, comienza la tormenta de improperios contra los ordenadores, la informática (y, por extensión, contra los informáticos) y, en general, contra todo lo que tenga botones.

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