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El problema de Melilla

7 octubre 2005

¿Todavía alguien cree que un ser humano puede hacerse eso por placer? ¿Todavía alguien cree que un negro no tiene nada mejor que hacer un día y arriesga su vida por que sí? Los que respondáis afirmativamente a ambas preguntas me dáis pena, me dáis asco.

Según leo en el blog de Manuel Saco, un columnista de 20minutos.es:

Los vemos a diario en televisión dejándose la piel en las alambradas de Ceuta y Melilla, en busca de su parte del pastel del primer mundo. Dicen los del PP que esta invasión es consecuencia del “efecto llamada” de las leyes permisivas de los socialistas.

Las dictaduras, como la de Corea del Norte, anulan ese efecto llamada impidiendo que sus habitantes se asomen, ni siquiera por Internet, al otro lado de sus fronteras. Ojos que no ven…

Lo malo de los africanos es que han visto por la televisión nuestros coches de lujo, los nintendos, las piscinas cloradas, las neveras llenas de alimentos, el aire acondicionado, la calefacción, los colegios rebosantes de niños, los grifos que manan agua cuando se abren…

El otro día, un subsahariano capturado, al que se llevaban a un centro de acogida, confesaba ser un hombre feliz, a pesar de todo. Le ponían grilletes, pero era feliz.

¿De qué profundidades vienen que hasta nuestro infierno se les antoja el paraíso?

Será que esta gente quiere hacer algo de turismo y un día cualquiera les da por saltarse la valla. ¿O será que únicamente aspiran a tener una vida mejor?, ¿acaso no es eso lo que todos queremos?

Lamentablemente, por muchas iniciativas que los países desarrollados quieran tomar para eliminar la pobreza, nunca las llevarán a cabo de modo eficiente. Y la razón es que la avaricia no les permite vaciarse los bolsillos y ayudar a los necesitados.

Todo lo contrario a lo que nos intentan decir los políticos del primer mundo, eso de que intentan ayudar a los países menos desarrollados, cada vez irá a menos, cada vez será un objetivo más lejano.

Tal vez, siendo algo pesimista, creo que la diferencia entre ricos y pobres aumentará; creo que algún día los pobres, los oprimidos, se rebelarán. Aunque yo a esto lo llamo realismo.

Un saludo

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