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Esas taquilleras amables

27 julio 2005

Hoy a las 7,45 de la mañana, medio adormilado, me dirijo a la taquilla de una parada de metro (de cuyo nombre no quiero acordarme) a comprar el cupón mensual del abono transportes (porque luego, el día 1, se montan unas colas de cuidado).

Lo primero que me encuentro es a una mujer de mediana edad, de pie, despachando al señor que tenía delante. Cuando llega mi turno, veo ante mí a la que hubiera sido una gran vaquera en el lejano oeste, una ruda mujer con cara de mala leche por hacerla trabajar a horas tan tempranas.

Con miedo pido el cupón de agosto, notando como 2 chorros de humo salen por la nariz de su congestionada cara. Le entrego el abono, lee el código de barras y me lo devuelve. Pago con un billete de 50€, temeridad por mi parte que sufrí a la hora de recibir la vuelta.

No sé si el cristal de las taquillas será antibala o no pero, en caso de serlo, no es para salvar al taquillero de posibles atracos, sino para salvar al ciudadano de las monedas lanzadas con mala ostia por el propio taquillero. Y es que con cada moneda que esta alegre mujer me lanzaba, temía que ésta rebotara y se me incrustara entre ceja y ceja.

Pensaré en contratar un escolta cada final de mes o empezaré a usar el transporte privado, todavía no lo he decidido 😀

Salu2

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