Somos tíos!
¡Desde el domingo Hariel y yo somos tíos!
La verdad es que he estado esperando a ver si Hariel sabaca un hueco y escribía ella el post, que para eso ha sido su hermano el que ha tenido el churumbel. Sin embargo, entre el trabajo, estar en el hospital con la familia y demás apenas le queda tiempo así que yo me encargaré.
Para ser sincero, estaba un poco frío respecto a eso de tener un sobrino, no me hacía sentir nada especial, un niño más, ¿y qué?. Sin embargo, en cuanto vi entrar por la puerta al bebé todos los cimientos se vinieron abajo y, justo en ese momento, me di cuenta de lo gilipollas que puedo llegar a ser a veces. Me explico, es como si todos los problemas del día a día me hubieran sumido en una espiral que no deja de girar y girar y me hubibese olvidado de algo tan simple como es que todos tenemos un comienzo.
Antes de que venga Hariel a reirse en los comentarios, SÍ, se me caía la baba. Nunca antes había visto un bebé o, al menos, no recién nacido. Y me impresionó poder ser testigo del inicio de una nueva vida, ver cómo con esas manos de miniatura intentaba coger uno sólo de mis dedos. Es indescriptible.
Y es que los seres humanos nos jactamos de ser los animales más evolucionados del planeta cuando, irónicamente, somos los que más tardamos en llegar a la madurez. Nuestro proceso de crecimiento es larguísimo y somos tan débiles durante ese tiempo que cuesta creer que “seamos superiores” (personalmente, no creo que lo seamos). Bueno, que tampoco me quiero alargar…
Es precioso, es guapísimo, ¡es nuestro sobrino!












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